Lo bueno sale bien (y si no te pilla la CNMV, mejor)

Menudo culebrón el de Pescanova. Al más puro estilo Llongueras, Gullón o cualquiera de las empresas de los Ruiz Mateos.  Hoy lunes termina el plazo para que la firma de alimentación presente al regulador de los mercados su agujero contable, después de reconocer que ha jugado al gato y al ratón (si te escondes no te pillo) con una doble contabilidad y una deuda de 1.400 millones de euros más ocultos que el dinero del Dioni en playas brasileñas.

PirataEl lío es morrocotudo, porque ya se ha conocido una operación chanchullera del presidente de la firma, Manuel Fernández de Sousa, en la que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) tiene mucho que decir, y aún no ha dicho nada (como casi siempre en estos casos). El rey de los palitos de merluza ha confesado que actualmente controla el 7,45% de la compañía…¿eiiinnns?

La cifra ha chocado entre los que habituamos a escudriñar los papeles del organismo, donde hasta hace pocas horas aún constaba que el señor de Sousa tenía una participación del 14,4% en el grupo que fundó su padre. El doble de lo declarado ahora. Una vez más, bravo  por el regulador, que ha debido conocer la noticia con la misma sorpresa que los trabajadores de la empresa.

Según ha explicado el directivo, entre diciembre y febrero vendió 1,98 millones de títulos de la compañía en el mercado (pobre de quien los comprase), a través de las sociedades Inverpesca y Sociedad Anónima de Desarrollo y Control. Así pasó a controlar sólo el 7,45% de su capital. Qué casualidad que justo después, el 28 de febrero, Pescanova informase de los desbarajustes en sus cuentas. El 1 de marzo entraba en preconcurso de acreedores.

pescanovaEn este bonito gráfico pueden observar cómo los títulos de la compañía costaban aquel 1 de marzo 17,4 euros. El 12 de marzo su cotización fue suspendida tras caer a 5,9 euros. ¡Menos mal que el señor presidente los vendió antes del desplome! Seguro que no sabía nada de su situación financiera…y lo mejor, entre diciembre y febrero, los meses en los que se deshizo de la mitad de su participación en la empresa, la compañía valía entre 13 y 17,8 euros por título. Vamos, que el tío hizo su agosto antes de anunciar el fin de una era marcada por una gabardina amarilla. El Capitán Pescanova en estado puro.

En esta historia hay rarezas más allá del posible hundimiento del barco. La jugada se ha saltado a la torera la normativa vigente, que obliga a los inversores relevantes a comunicar a la CNMV los cambios en su participación en un plazo de cuatro días hábiles. Así, el regulador de los mercados vuelve, una vez más, a mostrar su completa ineficacia para detectar este tipo de tejemanejes…

El señor de Sousa, incapaz de manejar el timón, ha presentado ya al juzgado la solicitud para entrar en concurso de acreedores. Si la operación sigue adelante, se convertiría en la mayor suspensión de pagos de la historia de España. Y sí, es lo que están pensando. Mayor incluso que la de Nueva Rumasa. Por el bien de los trabajadores, esperemos que Rodolfo Langostino pueda salir al rescate.

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Acerca de claraalba

Periodista especializada en información económica. Friki de la Bolsa, las redes sociales y el Atlético de Madrid...cosa incomprensible para muchos a la par que vital para mí. Recién aterrizada de La Gaceta de los Negocios espero encontrar pronto el futuro de una profesión a la que aún le queda un largo camino de adaptación en esta crisis de locos que vivimos.
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