¿A qué juega, señora Lagarde?

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24 de mayo de 2010: “El FMI pide a España reformas urgentes y decisivas”.  21 de junio de 2011: “El FMI pide a España una reforma laboral más valiente”. 15 de junio de 2012: “El FMI pide a España que recorte sueldos públicos y suba ya el IVA”. Tres años de acoso y derribo desde los organismos financieros internacionales para que al final, y cuando haces lo que te piden, te dejen –perdón por la expresión- con el culo al aire.

Resulta que después de aprobar los ajustes que tan encarecidamente nos exigían hace sólo un mes, la institución presidida por Christine Lagarde se viste ahora de defensora del pueblo para solicitar a España que el proceso de consolidación fiscal sea “menos inmediato” y en un marco macroeconómico “más prudente”. Es decir. Pide al Gobierno que levante el pie del acelerador de las reformas. A buenas horas mangas verdes.

Son este tipo de contradicciones las que provocan la desconfianza en el mercado. Y da igual que este organismo no brille precisamente por acertar en sus previsiones económicas, porque el nivel de desquicio es tal, que cualquier palabra sirve para herir de muerte al mercado. El problema es que no es sólo el FMI el que larga. Cada vez que alguien abre la boca de más, vuelven las dudas sobre España.

Sólo hay que ver la reacción de la prima de riesgo (*) a las palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, advirtiendo hoy de que si no se aumenta la recaudación, el pago de las nóminas de los funcionarios estará en peligro. Hasta dos veces ha repetido que “no hay dinero”. Y esa frase ha corrido como la pólvora por los mercados de deuda.

Aunque el indicador había comenzado la mañana en calma, las palabras del titular de Hacienda han disparado la rentabilidad del bono a diez años al 6,964%, muy cerca de la temida barrera del 7%. Así, la prima de riesgo escaló hasta los 576 puntos básicos, pulverizando todos sus récords y demostrando que los ajustes no han servido para clamar la sed de sangre de los mercados.

(*) Prima de riesgo: Es la diferencia entre la rentabilidad del bono español a diez años y el bono alemán al mismo plazo. Se mide en puntos básicos e indica lo que tiene que pagar de más un país para colocar su deuda en el mercado y financiarse, en comparación con Alemania. Cuanto más sube, mayor es el riesgo de invertir en el país, por lo que este se ve obligado a ofrecer una remuneración mayor para convencer al inversor de que merece la pena financiarle.

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Acerca de claraalba

Periodista especializada en información económica. Friki de la Bolsa, las redes sociales y el Atlético de Madrid...cosa incomprensible para muchos a la par que vital para mí. Recién aterrizada de La Gaceta de los Negocios espero encontrar pronto el futuro de una profesión a la que aún le queda un largo camino de adaptación en esta crisis de locos que vivimos.
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